Paren el mundo que yo me bajo
Esta noche he estado hasta las tantas dando vueltas x los alrededores de mi barrio con un buen amigo, y nos hemos parado en las vallas de nuestro antiguo colegio, de repente han empezado a surgir anecdotas y "aventuras" de cuando éramos pequeños, y nuestro mundo se limitaba a esas vallas amarillas. Mi generación es la del 81, y viendo como está ahora mismo el mundo, me siento enormemente orgulloso de haber nacido aquel maravilloso año. Mi generación y las anteriores supimos de verdad lo que era pasarlo bien con poco; jugabamos al Rescate, a Mundo, a Tiburon, a las chapas, a las canicas, llegamos incluso a jugar al futbol con una piedra... y éramos muy felices. No había parques con moquetas, solo había tierra y columpios de hierro en ellos, y nos dejábamos las rodillas... éramos felices. Tanto los chicos como las chicas, jugábamos en la calle, no parábamos por casa, no había ni una sola valla rodeando nuestras viviendas, no había límites, y si alguno lo sobrepasaba, sabía que se tenía que buscar la vida para encontrar el camino a casa, porque no teníamos telefonos móviles para pedir auxilio. No teniamos consolas, pero teniamos imaginación, mucha imaginación, y con cualquier material, nos fabricabamos un tirachinas, una ballesta, una casa para nuestros playmobils o incluso éramos capaces de transformar nuestra bicicleta, en una flamante moto poniendo tan solo unos cartones en la horquilla, de forma q tocasen los radios de la rueda.
Cuando íbamos a llamar a algun amigo nuestro, lo hacíamos a voz en grito, y no por llamadas perdidas; lloramos con la muerte de Chanquete y tuvimos nuestra primera canción del verano en "Los Pajaritos" de Maria Jesus y su Acordeón.
Nos fabricabamos nuestros propios coches, con maderas y rodamientos para tirarnos cuesta abajo, efectivamente nos dejabamos los dientes, pero por aquel entonces, quien no tenía un diente mellado, alguna costra en la rodilla o alguna pedrada en al cabeza. Jugabamos a: Lo que hace la madre, lo hace el hijo, o sea, a ver quien era mas burro; nos partiamos la cara, nos peleabamos en el recreo y al dia siguiente tan amigos, incluso, íbamos al colegio con una burrada de libros en la mochila, mochila la cual te clavabas en los hombros por el peso, y sin embargo nunca sufrimos lesiones en la espalda... ahora van todas con ruedas.
Jugabamos todos juntos y comiamos golosinas como cabrones (no erámos obesos, salvo el típico gordito que lamábamos "el Piraña"), en nuestros kioskos de toda la vida, los cuales eran como nuestra pequeña tienda, porque podiamos comprar desde pipas y cromos, hasta Montaplex o paracaidistas.
No teniamos Playstations, Nintendo 64, vídeo juegos, 99 canales de televisión, sonido surround, móviles, ordenadores e Internet, pero nos lo pasábamos de lo lindo tirándonos globos llenos de agua y arrastrándonos por los suelos destrozando la ropa. Íbamos a cazar lagartijas y pájaros con la escopeta de perdigones o con el tiragüebos, antes de ser mayores de edad y sin adultos.
Ligábamos con las chicas persiguiéndolas para tocarlas el culo y jugando a beso, verdad y atrevimiento, no en un chat diciendo: :) :D :P
Éramos responsables de nuestras acciones y arreábamos con las consecuencias. No había nadie para resolver eso. La idea de un padre protegiéndonos, si trasgredíamos alguna ley, era inadmisible, si acaso nos soltaban un guantazo o un zapatillazo y te callabas.
Tuvimos libertad, fracaso, éxito y responsabilidad, y aprendimos a crecer con todo ello, ahora voy por la calle y o bien veo los típicos niños burbuja: que tienen mil comodidades, no solo en los parques enmoquetados, las mochilas con refuerzos lumabares (si no es con ruedas, o si no les lleva los padres al colegio en coche), tienen Kleenex mentolados con una pequeña loción para no irritar la napia, tienen deportivas con cámara de aire, tienen móvil, tienen consolas te última generación (no tienen ni puta idea de lo que eran los recreativos con el Street Fighter o lo que era el Amstrad a casette) etc... o bien los típicos niñatos que no tienen respeto por nada y que todo se la suda porque ya están hasta cansados de todo... sinceramente, me dan mucha pena, creo que ellos no tienen la culpa, el fallo ha estado en su educación, antes el cariño y el apoyo te lo daban tus padres, ahora les ponen la tele para que se callen y les dejen en paz; han sido privados de algo muy valioso que ya nunca volvera, y es una infancia. Estamos en un mundo que te deja huerfano de inocencia en cuanto aprendes a andar, y en el que los abrazos se dan por sms. En plena época de la comunicación, hemos perdido no solamente los valores, si no la humanidad; todo se reduce al sistema binario, a ceros y a unos, asi de simple.
Son las 3:51 de la noche... y ya no se si necesito dormir, o necesito despertar...


Soy otra alma en busca de unas huellas que seguir. A la caza de un sentido que justifique porque mis botas pisan esta tierra, y curiosamente me paro a pensar... ¿habrá alguien siguiendo mis huellas?
Eres el visitante número:
Aída dijo
Me ha gustado mucho tu escrito. Me siento muy identificada contigo,y creo que soy algo mayor que tú.También me encantaba jugar en la calle,yo vivía algo retirada de la ciudad, así es que me pasaba la tarde subida a los árboles o con la bici de un lado para otro. Teníamos una "pandilla" y nos lo pasábamos genial haciendo gamberradas a los vecinos, como atar un hilo al llamador y escondidos desde nuestra casa llamábamos y el vecino salía muy cabreado al no ver a nadie. En fin, ahora soy madre y me da rabia cuando mis hijas me dicen que están aburridas. Yo no recuerdo haberme aburrido en mi infancia.
22 Enero 2006 | 09:51 PM