Y por fin llegó ese momento tan temido, ese momento que por todos los medios he tratado de que no llegará nunca. Llegó, y me ha dejado un vacío interior tan profundo que siento como se ha abierto un abismo a mis pies. La oscuridad pace sigilosamente en mis fueros internos, sin prisa por marchar, sin nada que enseñar, tan solo mostrarme su presencia a mis ojos como un cruel espectáculo del que dificilmente me voy a quitar de la cabeza ésta noche, aun sabiendo que mañana a las seis de la mañana tengo que estar en pie para empezar un nuevo día, un día que se antoja, frío, largo y duro.

Escapan los momentos día a día, y hoy en un momento se me han escapado días enteros de ilusión ahora vana; sonrisas y sensaciones que un día descongelaron mi corazón, que le hicieron volver a latir, que le hicieron volver a la vida, contagiados de éste frío ibérico, hoy duermen ya en mi regazo, donde no puedo dejar de contemplar, las huellas que tus lágrimas han dejado en mi sudadera, aquellas que nunca debieron de precipitarse sobre mi, o que quizas nunca debí de provocar.

Si hay algo que temo mas que la muerte, es el alzheimer, porque no quiero olvidar nunca todo lo que ocurrió, incluso lo que no pudo ser, porque haber llegado hasta aquí valió la pena, porque haberte conocido no lo cambiaría por nada, porque necesito pensar que vas a ser feliz.

Porque ni yo mismo alcanzo a imaginar lo que te voy a echar de menos, brindo con mi copa rota al cielo nocturno, por encontrar el camino, por encontrar la luz de nuevo, porque di todas mis fuerzas y aun así, nunca fue suficiente... porque ésta noche se me ha partido el alma... Tu, la voz que a mí me llama y nadie oye.